4.- CONTEMPLATIO


¿Qué te ha hecho descubrir Dios?

  • “Te abrirán contemplado”
  • La Contemplatio es lo que queda en la mente y en el corazón, después de terminar la Oratio.
    • Contemplar la Palabra es olvidar los detalles para llegar a lo esencial. 
  • El grupo guarda silencio,
  • Disfrutar, saborear, lo descubierto.
    • Admiración y gozo por la verdad encontrada.
      • Aquí tú eres pasivo, la acción le corresponde a Dios.
      • Cierra tu cuaderno y tus ojos. No hables.
      • Descansa en Él, ábrete a su amor, acoge su reino dentro de tí.
    • Es el momento del diálogo personal, de corazón a corazón: «yo le miro y Él me mira».
      • «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene» (Rom 8,26).
        • Lo que hace que el estudio de la Escritura sea o no una actividad contemplativa, no es el método de lectura o de interpretación utilizado, sino la actitud del corazón.
          • “Si queréis llegar a la verdadera ciencia de la Escritura, tratad primeramente de conseguir una inquebrantable humildad de corazón. Es esta quien os conducirá, no a la ciencia que infla, sino a la que ilumina, por la consumación de la caridad” (Casiano).
        • esta actitud no es algo de lo que uno se puede revestir durante media o una hora del día. Se tiene permanentemente o no se tiene. Impregna toda nuestra jornada o el ejercicio que se llama lectio es un juego vacío.
  • El Señor te introducirá, cuando crea oportuno, en la contemplación de su misterio.
    • Descubrirás con el corazón, no con la mente, el misterio divino.
    • No te debes preocupar por llegar a esta etapa de la lectio.
      • Todo es don y gratuidad.
      • Si has procedido correctamente en el camino anterior, será el mismo Señor quien te introduzca en ella.
    • La contemplación no es una técnica ni una añadidura externa;
      • es un don del Espíritu que brota de la experiencia de la lectio bien hecha:
      • es el momento pasivo de la intimidad, en el que la acción corresponde a Dios;
      • es conocer a Dios con la experiencia del corazón.
    • No es fruto de carismas especiales ni exige esfuerzos suplementarios, ni mucho menos entrar en éxtasis: es dejar actuar en ti al Espíritu de Dios, consciente de que todo es don y gratuidad.

PASOS:

1. ¿Con qué te ha sorprendido Dios?
Disfrútalo, saboréalo.

  • Disfruta del misterio de Dios.
    • «No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced.» (Santa Teresa de Jesús).
    • Pasar del texto y de su mensaje a la contemplación de Aquél que habla en cada página de la Biblia: Jesucristo, Dios y hombre, Hijo del Padre, dador del Espíritu, Señor, Salvador y Redentor.
      • La contemplatio es adoración, alabanza, silencio ante Aquel que es sujeto último de oración, el Cristo Señor, vencedor de la muerte, revelador del Padre, mediador absoluto de la salvación, dador de la alegría del Evangelio.
    • Sentirás la necesidad de mirar sólo a Jesús, de descansar en él, de abrirte al amor que te tiene, de acoger el reino de Dios dentro de ti con la certeza de estar en comunión de vida con el Señor.
    • Entonces descubrirás, con el corazón y no con la mente, tu vida y misterio en el de Dios, en un diálogo sencillo, de adoración, de conocimiento y experiencia de un Padre que te ama como hijo.

2. ¿Qué conversión de la mente, del corazón
y de la vida te pide el Señor?

  • Aceptamos, como don de Dios, su propia mirada al juzgar la realidad.
    • La contemplación tiende a crear en nosotros una visión sapiencial, según Dios, de la realidad y a formar en nosotros «la mente de Cristo» (1 Co 2,16).
    • San Pablo, en la Carta a los Romanos, dice: «No os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto» (12,2).
  • Dejo que la palabra escudriñe mi corazón y transforme mis criterios para conformarse con los de Dios.
    • La Palabra de Dios se presenta aquí como criterio de discernimiento, «es viva y eficaz, más tajante que la espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12).
  • Deseo cambiar mi mentalidad y voluntad para adherirla a la mentalidad y voluntad de Dios.
    • «Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios» (Santa Teresa de Jesús).

3. Resonancia o eco

  • Puede terminarse este paso, después del silencio contemplativo, con la repetición en voz alta por parte de algunos, libremente, de alguna frase que más le haya llegado o quiera repetir del texto contemplado.

Peligro:

  • Querer buscar gusto sensible.

Con María:

  • “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, como María.

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