¿Qué me dice el texto bíblico a mí?
- “Hallarás meditando”
- «María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2,19)
- Acoge a Dios en el corazón.
- “Busco tú rostro”
- La PALABRA de Dios es una palabra personal, una comunicación de tú a tú.
- Se dirige a mí, es expresada para mí.
- Me atañe a mí, se trata de mi persona.
- Se busca descubrir el mensaje del texto en mi situación personal.
PASOS:
1. Meditación en silencio
- Un esfuerzo por descubrir que me dice Dios aquí y ahora con ese texto.
- La interpretación de un texto difícil exige un esfuerzo de la inteligencia; pero este esfuerzo sería inútil sin la luz divina, que se debe pedir en la oración.
- En este sentido la oración debe preceder a la lectio aunque también puede ser su fruto.
- No se trata ya de considerar palabras pronunciadas en el pasado, sino en el presente.
- ¿Cuál es el mensaje que me da Dios hoy, para mí, con este texto?
- ¿Cuál es la idea y el valor fundamental de la perícopa?, ¿qué importancia tiene para mí?, ¿qué me sugiere y cómo me interpela?, ¿qué comportamientos, actitudes y sentimientos me transmite?, ¿cómo puedo iluminarlos con mi vida?
- El sentido espiritual de la Escritura no es algo que le sea artificialmente añadido: es algo que el texto contiene, y que es preciso descubrir.
- Algo en el texto adquiere especial importancia para mí: o bien lo relaciono con una experiencia personal anterior, o bien lo pongo en relación con mi vida concreta, actual o futura.
- Cuando luego la voz interior (la conciencia) dice «sí» a lo que me ha parecido importante del texto sagrado, puedo considerar esto como la palabra de Dios para mí.
2. Compartir en voz alta
- La palabra que he escuchado en lo más profundo de mi corazón, la comunico a los otros.
- Es fundamental dar espacio para que cada uno del grupo pueda compartir lo que esa Palabra le dice, la riqueza que ha encontrado en ella.
- Aquí, cada uno personalmente, pero también comunitariamente, debe dejarse interpelar y examinar.
- Es abrirse a la acción de Dios no solo en su Palabra, sino también en cada persona que participa de la reunión.
- La Palabra de Dios es rica y profunda.
- No puede ser comprendida y profundizada exhaustivamente por una sola persona.
- Cada uno puede aportar algo a ello.
- Todos juntos somos oyentes de la Palabra y podemos completar recíprocamente nuestras ideas.
- Para que esta comunicación permanezca a nivel puramente personal, hablo en singular, en primera persona (yo, a mí, etc), evito el impersonal «se» y no me escondo detrás de un generalizado «nosotros».
- Se trata aquí de una simple comunicación, no de una discusión ni de una prédica en sentido de moralizar.
- La comunicación de lo totalmente personal, de lo íntimo, es comunicación de la persona, de sí mismo.
- Esto por una parte presupone confianza, pero por otra robustece y profundiza la confianza.
- En otras palabras: la comunicación que las personas hacen de sí misma crea y construye comunidad con bases más profundas.
- Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi (sobre la evangelización en el mundo moderno), dice: «¿Existe un modo más eficaz de anunciar la Buena Nueva que la comunicación personal de las propias convicciones de fe?»
- No se trata de ponerse todos de acuerdo, sino de compartir lo que cada uno va encontrando.
- Tampoco es debe ser un debate o una discusión.
- Puede haber diversas opiniones, que se deben respetar, aunque, en ciertos casos, convendrá aclarar o corregir cosas que no correspondan a la verdad del texto.
- Lo que se habla debe ser sobre el texto, no es el momento de hacer comentarios sobre otros temas.
Peligro:
- Manipular la Palabra, hacerla decir lo que uno quiere oír o lo que le interesa, tergiversando el sentido propio y original del texto.
- Que una o dos personas monopolicen y acaparen la reunión, haciendo de ella una charla o una clase.
Con María:
- “Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo, te buscábamos angustiados”.

Seguramente tengo que escuchar más la voz de Dios, lo que me pide, lo que quiere de mí. Ponerme en sus manos, sabiendo que él, es lo más importante…
Me gustaMe gusta