La ley del ayuno y la abstinencia
En la Iglesia universal son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma.
Todos los viernes del año, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, que (en España) puede ser sustituida, según la libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo del Rosario, etcétera) y mortificaciones corporales.
Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo se guardarán ayuno y abstinencia.
La ley de abstinencia de carne obliga a los que han cumplido los catorce años. La del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden, sin embargo, los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.
El ayuno, consiste en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos.
Los viernes de Cuaresma debe guardarse la abstinencia de carnes, sin que pueda ser sustituida por ninguna otra práctica.
El sentido del ayuno y la abstinencia
«El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».» (Mt 5,19).
La iglesia nos llama, en nombre de Jesucristo, la conversión y a la penitencia, especialmente en el tiempo santo de cuaresma.
Un signo visible de nuestro deseo de conversión, respondiendo a la invitación de Dios, es el aparentemente inútil, pequeño y e insignificante sacrificio de la abstinencia de carne, especialmente en nuestra época.
Pero, no. Ni es insignificante, ni es inútil. La abstinencia de carne los viernes de cuaresma es como si fuera nuestro pequeño lazo en la solapa, con el que, sin palabras, decimos que queremos responder a la llamada de Dios a la conversión y que nos sentimos unidos y solidarios en una causa común con toda la Iglesia.
Y, sobre todo, hacemos un ejercicio de humildad y obediencia a los mandamientos de la Iglesia, y en definitiva a Dios, que vale más que cualquier otro sacrificio voluntario.
En realidad, al abstenernos de comer carne cuando lo manda la santa madre Iglesia, de lo que nos estamos absteniendo es de poner nuestro criterio y nuestra voluntad por encima de la Iglesia. Nos hace humildes y obedientes, que falta nos hace a todos.
